Siempre se dice por los especialistas que el verdadero Dakar se sufre en moto, quizás por ello sea que para quiénes han seguido en la carrera durante años, es un paso casi obligado para pasar mas tarde (si se tiene la chance) a hacerlo en auto o camioneta. Nosotros también agregaríamos a la categoría Quad, trampolín también para muchos para pasar a los mas grandes de 4 ruedas, pero hoy nos focalizamos en aquellos motoqueros que afrontaron el Dakar 2018 sobre dos ruedas. Si bien fueron varios argentinos que se animaron, el sacrificio y agradecimiento del chileciteño Juan Rojo corriendo en categoría Original (ex Malles Motos) sin asistencia, la emoción de Paco Gómez expresada a cada paso por él cuando tuvo la chance de hacerlo públicamente y la pasión del cordobés Pablo Pascual que tras fracturarse la mano, regreso a Córdoba, se operó y voló a Salta para seguir la carrera aún afuera, son la foto de estos “guerreros” dispuestos a probar sus límites e intentar vencer al Dakar una vez más.
Desde la preparación ya el sacrificio se hace sentir, meses y kilómetros interminables de entrenamiento y cuidado físico, de gestiones puerta por puerta para conseguir los fondos necesarios para afrontar su participación, adquirir y desarrollar conocimientos mecánicos fundamentales en momentos de soledad en el desierto o la llanura pérdida del noroeste argentino o la altura boliviana, mas el tiempo restado a la familia o la actividad privada para generar esa fastuosa inversión de tiempo y sacrificio que solo es necesario para poder arrancar, después la hora de la verdad, donde quizás una mala pasada puede dejarte afuera a poco de empezar o quizás antes, como el caso de Javier Gil Mercado que debió desistir de participar cuando tenía casi todos los items tildados, pero un dinero que no se pudo cristalizar lo truncó.
A ellos nuestro respeto y el de todos, porque es deporte, porque es sacrificado en todo cuanto sabemos de motociclismo y mas en nuestro país. Para el Puchi Alberto Ontiveros tan orgulloso de haber podido completar las cinco ediciones que compitió con San Juan vibrando junto a él, para Sebastián Urquía probandose una vez a si mismo que se puede, para el mendocino Leandro Bertona Altieri que quiso y pudo llevar la voz de los enduristas amateurs al rally mas extremo del mundo y para Fernando Hernández que revolucionó su Lobos natal con su victoria sobre el desafío mas grande de su vida deportiva frente al Dakar. Quizás no los pudimos ver mucho, llegaban tarde en muchos casos, entrada la noche y devastados por el cansancio, pero sabíamos que estaban allí peleándola, buscando el camino cuando no lo había, no en busca de la fama y las luces, sino del respeto del par, los amigos, la familia y los fanáticos y por que no también, de esa íntima satisfacción de probarse más allá de lo que cada uno cree conocerse a sí mismo, pero que al apoyar la cabeza en la almohada, nos entrega esa cálida e incomprable sensación, de la misión cumplida.
Como no recordar a pilotos que abrieron camino en esta historia de los amateurs como Eduardo Alan, Andrés Junco, el cordobés Marcelo Miti que corrió también en el Dakar africano, Andrés Memi, el tucumano Rodolfo Bollero, el “Cacha” Pablo Rodríguez y su Tornado 250, Pablo Busín, el “flaco” Marcelo Sánchez, el mendocino Roberto Gajdosech, Damián Guiral, el catamarqueño Diego Demelchori, Gustavo Bassi, nuestro querido colega Juan José “Gato” Barbery, el cordobés Martín Amengual, Sergio Petrone y tantos más que recordaremos siempre que hablemos de las grandes hazañas dakarianas llevadas a cabo por estos verdaderos héroes del motociclismo off road.